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Con 1100 inscriptos y un cuerpo docente integrado enteramente por escritores -Tamara Kamenszain, Martín Kohan y Carlos Gamerro, entre otros- la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) comenzará oficialmente sus clases en agosto, anunció su director, Roque Larraquy.

“Esperábamos un número amplio de inscripciones porque había una gran demanda acumulada”, señaló Larraquy. “Se anotaron desde chicos de 17 años recién salidos del secundario a jubilados de 70, gente con doctorados y otras carreras, y estudiantes de otros países de Latinoamérica, como ocurre en toda carrera argentina pública”.

La Licenciatura en Artes de la Escritura fue creada en la última sesión del año 2015 por el Consejo Superior de la Universidad Nacional de las Artes y es la primera en este tipo de la Argentina. Son muy pocos los antecedentes de una carrera que conjugue talleres de escritura con materias teóricas, salvo por una similar que existe en Colombia.

Es por eso que grupo interdisciplinario de escritores, investigadores y catedráticos “configuró un plan de estudios original, anclado en las tradiciones literarias del cono sur”, remarcó su director.

Para desarrollar la carrera se estudió la oferta en Latinoamérica, Europa y los Estados Unidos e “inmediatamente comprendimos que la experiencia argentina no podía ser traducida de otros formatos y que lo que buscaban no era escritura creativa, sino escritura en general”, dijo Larraquy.

La idea, agrega, “es acercar herramientas para la formación de un escritor que se entrena en su disciplina mediante la exposición y práctica de la escritura en diferentes soportes: narrativa, poesía, audiovisual, dramaturgia y narrativa no lineal para plataformas de juegos”.

La licenciatura se extiende por cinco años, con unas 3000 horas de cursada presencial, cuatro talleres fijos anuales y una amplia variedad de materias teóricas para explorar, las cuales, “salvo excepciones muy concretas, dejan mucho margen de decisión al estudiante en su régimen de cursada”, completa.

Se trata de “reconfigurar el acceso académico a la escritura de un modo más inclusivo involucrando la producción de ficción en general”, añadió, habida cuenta de que lo más cercano que hasta el momento existía para el estudio de la escritura era Letras en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La inscripción se cerró a finales de marzo y hasta el 1° de julio los aspirantes se encuentran realizando un curso obligatorio de nivelación en la sede de Bartolomé Mitre 1869 (CABA). El comienzo de cursada está previsto para el segundo cuatrimestre, con fecha de inicio el 8 de agosto. Todas las clases se dictarán en horario vespertino, a partir de las 18.

Kamenszain, asesora general de la carrera, junto a Kohan, Gamerro, Arturo Carrera y Ariel Schettini dictarán por ejemplo las cátedras de Poesía argentina, Narrativa argentina, Narrativa universal, Poesía universal y Poesía latinoamericana y respectivamente.

También habrá talleres de poesía, dramaturgia y narrativa, y materias como Semántica y Pragmática, Morfología y Sintaxis, Semiótica, Teoría y Análisis Literario, Teatral y Audiovisual, Géneros de la Cultura de Masas, Historia de la Lectura y la Escritura, Filosofía, Legislación Cultural, Edición y Producción Editorial, Técnicas de Redacción y Corrección de Estilo y Formatos Mediáticos.

La finalidad de la primera Licenciatura en Artes de la Escritura es formar escritores en el campo de la narrativa, la poesía y la dramaturgia, pero también en guión para cine, TV y para ser capaces de nutrir textualmente a los más distintos formatos mediáticos.

 

Fuente: Telam

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La presidenta anunció que una medida del Banco Central obligará a bancos privados a otorgar prestamos para inversión y producción. Fue durante un acto en el que se anunciaron inversiones en Avellaneda, La Plata, Chivilcoy y Entre Ríos.

La Primera Mandataria adelantó en un acto realizado en la Casa Rosada que la autoridad monetaria nacional anunciará este jueves esa medida y dará los detalles, en el marco de un plan destinado a que también las entidades financieras privadas aporten su compromiso al crecimiento productivo, tal como lo vino haciendo, destacó, el Banco Nación a través de sus préstamos.

Pidió a la banca privada que a partir de ese momento, publicite, como lo viene haciendo ahora para estimular el consumo, para fomentar “que la gente también pueda invertir para producir trabajos y servicios”.

“El Banco Central establecerá las condiciones en que darán los préstamos” , dijo la Presidenta, quien subrayó que “el Estado tiene mucha confianza en los empresarios, y por eso apuntala el modelo con récord de préstamos a los que quieren invertir” y agregó que “ahora necesitamos que los banqueros les tengan confianza” a los empresarios “y les presten” fondos para sus emprendimientos.

Destacó que “tenemos un sistema financiero muy solvente, muy líquido” con “un desendeudamiento inédito, también del sector privado” por lo cual, “para sostener la inversión, no solamente debe estar presente la banca pública” sino también la privada.

“Después de todo –recordó- (los bancos privados) han tenido mucha suerte, porque han podido seguir haciendo muchos negocios pero no le pudieron devolver a los argentinos” el dinero atrapado en el corralito, cosa que tuvo que hacer finalmente el Estado.

Los bancos privados, puntualizó, “están solventes y líquidos, y sin hacer locuras, deben ayudar a sostener la inversión que el año pasado fue casi del 25 por ciento del PBI, uno de los registros más altos de inversión de las últimas décadas”.

Cristina Kirchner habló en el Salón de la Mujer de la Casa Rosada, donde encabezó un acto en el que se anunciaron varios emprendimientos, entre ellos una nueva etapa de producción de la fábrica de pastas de Molinos Canepa, perteneciente al empresario Gustavo  Grobocopatel.

La Presidenta iba a ir a Chivilcoy a presenciar ese acto, pero debió suspender su presencia por las malas condiciones climáticas, por lo cual resolvió hacerlo mediante videoconferencia con esa ciudad desde la Casa Rosada.

Luego mantuvo otras videoconferencias con La Plata, donde Aluar presentó la modernización de su planta de laminación; con Avellaneda, donde la cooperativa de trabajo Cristal Avellaneda anticipó una inversión de 40 millones de pesos para aumentar su producción, y con Entre Ríos, donde se anunció la apertura del frigorífico Santa Fe.

A continuación pronunció un discurso en el cual volvió a referirse a la crisis económica mundial que se contrapone a “la fortaleza del modelo” que avanza en la Argentina, y cuestionó el modelo financiero así como la existencia de los denominados “paraísos financieros”, por cuya eliminación abogó, al destacar que en realidad se trata de “infiernos” para los pueblos.

Sostuvo que el Estado argentino viene demostrando una “gran confianza en los empresarios” porque “si uno ve el grado de inversión en emprendimientos productivos que hace a través de crédito y de nuestro Banco Nación” se advierte esa política.

Dijo entonces que “el que más cumplió con los empresarios es el Estado, porque los bancos privaos, que también son empresarios, parece que no confían tanto en los empresarios porque prestan mucho menos” a los emprendedores “y mucho más al consumo, y hablan de inflación, pero tienen que hacer como el Banco Nación, que es prestar para la producción”.

Destacó que en un mundo que avanza en medio de “la tormenta, estar haciendo todas estas cosas” en la Argentina, como los anuncios de emprendimientos hechos hoy, “nos dan una idea de la fortaleza del modelo”.

Destacó que el Banco de la Nación, a valores de mayo de este año, comprometió el 73 por ciento de su cartera a préstamos a empresas y el 27 por ciento a créditos a individuos particulares.

Precisó que el total de préstamos otorgados a empresas, el 63 por ciento corresponde a inversiones productivas y el 37 por ciento a capitales de trabajo. Para la industria se destinó un 40 por ciento del total de créditos otorgados, para el agro el 22 por ciento, para servicios el 28 por ciento y para el comercio, el 10 por ciento.

Indicó además que a mayo de este año, las grandes empresas recibieron el 22 por ciento de esos préstamos y el 52 por ciento correspondió a las pymes.

Adelantó entonces que mañana “vamos a decir que los principales veinte bancos con clasificación A puedan también y tengan la obligación de prestar para inversiones para la producción en bienes y servicios y que hagan mucha publicidad” para que esa nueva modalidad se difunda.

“Que no me vengan con el cuento de que no les van a pedir créditos, porque claro, con las condiciones y tasas” que se ofrecían en la banca privada “no creo que se los pidiera nadie”, apuntó la Presidenta.

Cuestionó luego a los economistas que hacen análisis ypronósticos por los medios, pero que cuando se acercaba la crisis del 2001 “se les escapó y nadie avisó nada y agarraron a millones de argentinos con el corralito en los bancos”.

“Debemos seguir en este camino en medio de la tormenta, del barco que nos mueven de un lado para el otro”, afirmó, aún “bombardeados desde afuera y desde adentro” porque “les molesta  el proyecto que comenzamos a aplicar en el 2003 que se centró en el crecimiento, no en el endeudamiento, en la producción, no en el capitalismo financiero, y en recuperar el trabajo”.

“Necesitamos –concluyó- gente que sume y multiplique, porque para dividir y restar ya lo hicieron demasiado en nuestro país”.

Fuente : Argentina en Noticias

 

 

En Lima, provincia de Buenos Aires, al lado de las centrales nucleoeléctricas Atucha I y II, ya se construyen los cimientos de una unidad mucho más pequeña pero conceptualmente mucho más avanzada: el prototipo de una minicentral nuclear llamada Carem 25. Se calcula que estará terminada en 2014 y podría entrar en línea en 2015.

Carem es el acrónimo de “Central Argentina de Elementos Modulares”. Es una unidad chica, capaz de acoplarse modularmente en conjuntos mayores que compartan servicios, como quien le suma pilas a una lamparita. Es una solución ideal para países con grandes territorios (la Argentina es el noveno del planeta) que necesitan “oasis eléctricos” en sitios alejados de las líneas de alta tensión, especialmente en desiertos o islas.

Por su seguridad “inherente”, el Carem debería estar al menos 20 veces menos expuesto a accidentes del núcleo que sus equivalentes grandes de última generación, porque el núcleo se refrigera solo, sin bombas, por convección. Además, este primer prototipo tendrá un 70% de componentes nacionales y un 100% de ingeniería local.

Entre los años 80 y 90, la Argentina se convirtió en un respetado exportador de pequeños reactores “de investigación”, término genérico que incluye desde laboratorios de nuevos materiales hasta unidades escuela para formar ingenieros, químicos y físicos nucleares, y fábricas de radioisótopos de uso médico. Los reactores hacen de todo excepto generar electricidad. Pero si los reactores cuestan entre 200 y 300 millones de dólares, las centrales salen miles de millones por unidad. Hay 432 operando, se están construyendo 44, y Yukiya Amano, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, dice que en 2030 habrá entre 190 y 350 más.

El Carem sería una muy pequeña puerta de entrada a este Coliseo. Pero para un gladiador que “se las trae”. Su construcción es un milagro de tercer grado, porque desde su presentación en congresos, en 1984, la idea debió soportar la indiferencia, la hostilidad y el escepticismo.

A diferencia de las otras tres centrales, que pueden iluminar a casi 7 millones de argentinos, el pequeño Carem 25 abastecerá a sólo 100.000. No vino a resolver la crisis energética, sino que está pensado para ser el “showroom” de un concepto que se está poniendo de moda: las minicentrales nucleares con “seguridad inherente”, que hoy están en el centro de interés. Rusia ya construyó una flotante, el barco Lermontov, de 100 megavatios, para dar potencia a costas remotas. Y planea otras once más.

Debido a su simplicidad minimalista, el Carem fue despertando fanatismos. En su tránsito de la CNEA a Invap, y de regreso a la CNEA, el proyecto fue reclutando una guardia pretoriana de ingenieros, físicos y decisores que, a lo largo de 27 años, contra viento y marea, apostaron y aportaron a esta idea no sólo miles de horas/hombre de diseños y rediseños, sino de construcción y testeo de modelos físicos de todos sus combustibles, sistemas y subsistemas.

Hasta se construyó un prototipo del prototipo, un minúsculo reactor nuclear (el RA-8) en Pilcaniyeu, Río Negro, únicamente para ensayar los combustibles del futuro Carem.

Con la excavación de los cimientos y el presupuesto de 2012 ya aprobados, ahora los problemas son otros. Para la presidenta de la CNEA, la doctora Norma Boero, vienen de dos tipos: por una parte, hoy los elencos de la Comisión se componen de sexagenarios que saben mucho y de treintañeros brillantes, pero poco acostumbrados a trabajar en equipo.

Por otro lado, hay multinacionales que ofrecen fortunas por llevarse la tecnología del Carem a casa. (Entre otras, en 2001, la compañía Hitachi vino a ver si se llevaba el proyecto.) “Si afuera apostaron a que no lo hacíamos, no los culpo. Pero se van a dar una sorpresa”, gruñe, feliz, Francisco Boado Magan, gerente de proyecto.

En dos años, Boado pasó de dirigir 11 personas a 150 especialistas, a los que se suman otros 150 expertos de otras gerencias. Hoy se lo ve vigilante, en medio de la polvareda de obra, con sus enormes brazos en jarras, entre un ir y venir de camiones, topadoras y grúas.

El segundo Carem, a construirse en Formosa, tal vez llegue a los 150 megavatios (el consumo de 600.000 argentinos) y arroje luz sobre cuál será la potencia ideal para la fabricación en serie. La filosofía de seguridad pasiva (el núcleo se refrigera solo, sin bombas de agua) impone límites de tamaño que habrá que investigar.

El Carem no es una joya de la abuela: es de los nietos. Como dijo un prócer de la CNEA, Carlos Aráoz, “el negocio nuclear es de tecnología. No pasa por iluminar lamparitas, sino empresas y cerebros”.